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miércoles, 18 de noviembre de 2015

BUSCANDO EMBARAZO EN CIRCUNSTANCIAS ADVERSAS: VER LA LUZ (2ª PARTE)

Hice los preparativos de boda con la amenaza de la endometriosis aún no resuelta del todo tras la operación, el tratamiento con Ginecrin Depot tenía tantos efectos secundarios que pedí a mi gine de abandonarlo. Entonces me recetó Primolut Nor, unas pastillas de progesterona, cuando terminara cada caja, me vendría una regla más floja y, cuando el periodo me pasara, tenía que tomarme la siguiente caja y así sucesivamente. Me casé y me fui de viaje de novios a Venecia con la cajita de Primolut Nor en la maleta. Cuando volví a Barcelona le dije a mi marido que quería dejar el tratamiento, pero me lo impidió. Seguí otro año más con las pastillas y visitándome una vez al mes, la visita consistía en exploración y ecografía para controlar que los quistes no se disparasen y se hiciesen grandes de nuevo y tuviera que operarme otra vez. Vivía con el miedo en el cuerpo, pues pensaba que la solución sería quedarme embarazada, pero el tratamiento contra la endometriosis impedía la búsqueda del embarazo.

Así que, dos años después de la operación me planté, abandoné la clínica, el gine y dejé la medicación y, por mi cuenta y riesgo, busqué otro especialista. Me costó unos meses dar con la doctora que creyó en mí, se puso en mi lugar nada más explicarle mi historia y me dijo que estaba dispuesta a dejarnos 6 meses para buscar el embarazo, sin medicación, pero debería hacerme controles ecográficos en visitas mensuales. Si los quistes de endometriosis crecían, debería someterme de urgencia a una FIV con un doctor en reproducción asistida que estaba en su misma clínica. Acepté el reto. Quizás no lo conseguríamos, pero bien merecía la pena intentarlo. A cada mes que me bajaba el periodo, me entristecía...Hasta que el quinto mes la doctora me propuso ya pedir hora para el médico en reproducción asistida y asentí.


El doctor era muy amable, se miró todo mi historial, escuchó nuestro relato y nos pidió dos pruebas antes de programar la FIV. Por una parte, un análisis de cariotipos (patrón cromosómico, en la foto), que, en definitiva, es un análisis genético para saber si entre mi marido y yo había compatibilidad genética, además de descartar si podíamos padecer alguna enfermedad genética hereditaria. Este análisis es costoso económicamente hablando, pero dura de por vida. Por otra parte, el futuro Papá Rosquillas se realizó un seminograma o espermiograma, un análisis de su calidad de semen y movilidad de espermatozoides, que determinara si era apto para donar la muestra para la FIV o debíamos, en caso negativo, acudir a un banco de esperma. Ambos análisis salieron favorables, así que sólo hacía falta esperar a que me viniese la seguiente regla para llamarles y programarnos la FIV.

Pero aquel mes llegó el día 28 y no apareció ni rastro de regla, el día 29, el 30...dos semanas después, sin periodo, decidí llamar por teléfono a mi doctora y explicárselo. Me dijo que esperase una semana más y comprase el test de embarazo en una farmacia y que, tras el test, la llamara, tanto si había resultado positivo como negativo. Aquella semana y media se me hizo eterna, la regla sin aparecer, pero yo no me notaba síntomas de embarazo, es más, había días que presentaba síndrome premenstrual.

Llegó el día y decidimos ir  juntos a la farmacia a por el test. Oriné y esperé en el lavabo encerrada, como había visto tantas y tantas veces en las películas (el cine hasta en esos momentos, soy tan friki...). Mi marido esperando fuera en la habitación de al lado, para no ponerme aún más nerviosa de lo que ya estaba. Entonces miré y vi "dos rayitas" y le llamé para que también mirase, no si acaso lo hubiese visto yo mal. Nos abrazamos y nos besamos, lloramos así juntos un buen rato. ¡Era increíble, tras años de sufrimiento, se había obrado el milagro!

Llamamos a la doctora y me dijo que a las 8 semanas, o sea, al cabo de tres semanas más me había pedido eco con la obstetra de la clínica. Sería la primera eco donde sabríamos si el pequeño Rosquis tenía latido y el embarazo seguía adelante. Tras tres semanas larguísimas, por fin llegó el día, y volví a estallar en lágrimas al oir, por primera vez con el doppler, su latido.

La primera parte de mi historia la puedes leer en: http://animalitostuyyo.blogspot.com.es/2015/11/busqueda-del-embarazo-1-parte.html